La Polemología de Gastón Bouthol o el estudio sociológico de la Guerra.

 

 La Polemología de Gastón Bouthol o el estudio sociológico de la Guerra.

Por: Freddy H. Escobar A.



La guerra es innata a la naturaleza humana, la acompaña desde tiempos inmemoriales, es quizá el fenómeno social más
espectacular, la que marca los hitos históricos más relevantes, sino acaso la Historia misma; en contrapartida es la prueba tangible del egoísmo, ego, vanidad, crueldad y miseria humana, sin embargo, necesaria para la evolución humana, según justifican sus defensores apoyados en la aparición y desaparición de las grandes civilizaciones a causa de las guerras; esta tan arraigada a nuestra naturaleza que la intuimos, afirmamos conocerla más allá de cualquier estudio científico y profundo sobre ella  ; pero ¿realmente tenemos un conocimiento cabal de ella?, es decir ¿somos capaces de describir con precisión su naturaleza, definición, características y funcionalidades? el trabajo del sociólogo francés Gastón Bouthoul (1896- 1980) se trazó como objetivos responder a aquellas preguntas, y comenzó por designar a su campo de estudio con el neologismo de Polemología, como ciencia encargada del estudio objetivo del fenómeno guerra, distinguiéndola de otras áreas de la sociología enfocadas en el estudio de otros tipos de conflictos en la sociedad. Bouthoul, como todas aquellas grandes mentes del pasado, fue un adelantado a su tiempo, por lo tanto, un incomprendido, con proyectos monumentales para transformar el mundo, pero tristemente olvidados. En mi caso, el azar permitió que descubriera la obra del francés en una pequeña librería dedicada a la venta de clásicos y libros usados.

La Guerre o La Guerra en la edición española de 1971 formaba parte de la Enciclopedia francesa de bolsillo que sais-je?  encargada de publicar títulos sobre Historia, Geografía, Sociología, Literatura, entre otras. La obra está compuesta por un breve estudio e introducción a la polemología, siete capítulos que analizan el fenómeno desde distintas aristas y una conclusión que hace las veces de crítica y recomendaciones para las naciones del mundo. Es un derroche de erudición y simplicidad, nada le sobra ni nada le falta. En varios pasajes el francés exhibe sus dotes de experto sociólogo, economista y jurista; por ejemplo comienza cuestionándonos y alertarnos sobre la indiferencia y superficialidad con la cual se pretende investigar, al más importante de los fenómenos de la sociedad: La Guerra “En una palabra, la guerra es la más notable de todas las formas de transición de la vida social. Es una forma de transición acelerada. (…)”. Identifica  como causas de esta apatía tres obstáculos: a) la falta de asombro ante el fenómeno, todos creemos saber que es la guerra, o por lo menos la intuimos; b) la guerra parece depender, enteramente de nuestra voluntad, es decir, que aparenta obedecer solamente de una decisión reflexionada y madurada largamente; c) el “ilusionismo jurídico” que mira en la guerra un conflicto entre individuos, a una pendencia, riña o duelo, y por lo tanto, trata de prohibir o reglamentar la guerra como los códigos de honor de los duelos o los deportes, identificando como el obstáculo más importante para su estudio científico: la terapéutica inmediata, que trata de encontrar el remedio antes de conocer el mal ¿cómo legislar sobre cosas que se desconocen?.

Un repaso a la historia de las principales culturas de la antigüedad, nos da cuenta del papel preponderante de la guerra en todas las sociedades; en las mitologías se identifica “el carácter altamente loable de la actividad guerrera que los dioses practican animan y protegen.”; en lo que el autor denomina Doctrinas teológicas de las guerras se pone de relieve el carácter guerrero de las sagradas escrituras, desde el Antiguo Testamento, El Corán y la Teología Cristiana. Es célebre la teoría de la “guerra justa” de Santo Tomas de Aquino, quien formula las condiciones que pueden hacer de la actividad guerrea una empresa admitida favorablemente por Dios. Son: 1. La autoridad del príncipe; 2. Una causa justa; 3. Una intención recta. 

También resultan interesantes las disquisiciones sobre doctrinas filosóficas y filósofos a favor y en contra de la guerra, y las doctrinas morales y jurídicas preconizadas a lo largo de la historia, entre los filósofos a favor son elocuentes las palabras de Joseph de Masitre que dice “ Cuando el alma humana ha perdido su energía debido a la desidia, a la incredulidad y a los vicios gangrenosos que siguen al exceso de civilización, solamente puede revigorizarse por la sangre…los verdaderos frutos de la naturaleza humana, las artes, las ciencias, las grandes empresas, los conceptos elevados, las virtudes viriles, dependen, sobre todo, del estado de guerra…Se diría que la sangre es el abono de esta planta que se llama genio”.

Cuando se refiere a las doctrinas jurídicas que apoyan las actitudes guerreras, hecha mano de la cultura Romana cuyo “rigorismo jurídico” justificaba sus ataques e invasiones a sus vecinos, poco importaban las razones y motivos de un conflicto bélico, mientras estas cumplían minuciosamente las formas (ritos) de la declaración de guerra, era justa. En el derecho bíblico se distinguen las guerras necesarias de las expediciones voluntarias para expandir las fronteras; también se anticipan al problema de los “objetores de conciencia” recurriendo a las enseñanzas bíblicas en el libro de Deuteronomio, para excusar a aquellos que según las enseñanzas bíblicas no podían participar de las campañas militares. Luego de un periodo de grandes atrocidades y de batallas sin fin, durante la Edad Media la Iglesia va constituyendo un derecho de gentes que tienden a suavizar las practicas crueles y minimizar los daños provocados por la guerra.

Las teorías sociológicas parten señalando que estas tienen en común  reconocer la guerra como un fenómeno “normal” de la vida de los pueblos, en el sentido durkheimiano de la palabra,  divide a las doctrinas estudiadas en optimistas y pesimistas, formando parte de los primeros, autores tales como Saint-Simon , Augusto Comte y Herbert Spencer que consideraban que las guerras se acabarían cuando la era industrial alcanzara su máximo esplendor, también encontramos dentro de esta clasificación a sociólogos y filósofos como Tarde quien considera a la guerra “ un método trágico y no eterno de dialéctica social”, también a Marx y los marxistas quienes manifiestan “ Ha habido únicamente una guerra eterna: la de los pobres contra los ricos”, cuyo aporte palpable a la polemología consiste en señalar como origen de los conflictos armados los antagonismos económicos como uno de los aspectos principales e inseparables de los conflictos armados. El grupo de pesimistas está conformado por R.S. Steinmetz, Isoulet , George Sorel y Gumplowicz, quienes además de defender sus teorías belicistas, la exaltan, considerándola el principal procedimiento de selección colectiva, donde la fuerza es una virtud y la debilidad es inmoral, donde se desprecian los dictados de la moral cristiana y señalan como consecuencia natural del conflicto bélico el nacimiento de nuevas formas sociales e instituciones, y la imposición de reglas jurídicas por parte del grupo vencedor al grupo subyugado.

Para concluir con esta primera parte de su estudio, Bouthoul busca establecer una definición sobre la guerra en base a las características que la distinguen de los demás fenómenos sociales, así pues:

-          La guerra se distingue de las otras formas de lucha en que supone un enemigo activo y organizado. Implica reciprocidad de acción voluntaria.

-          Es un fenómeno colectivo.

-          Tiene un elemento subjetivo, la intención, y un elemento político, la organización.

-          Tiene un carácter jurídico, incluso se llegó a decir que la guerra era un verdadero contrato, puesto que no hay guerra propiamente dicha que no esté regida por unas reglas más o menos precisas y por un derecho formal o habitual. Se dice también que es jurídico, porque el conflicto bélico se desarrolla en un tiempo y espacio determinado, por lo cual se habla de un “estado de guerra”; por otra parte, una vez concluida las agresiones, se extraen de los resultados las consecuencias jurídicas del mismo.

En base a estos elementos decimos que la guerra es una lucha armada y sangrienta entre agrupaciones organizadas, la misma se desarrolla de manera metódica y organizada, limitada en el tiempo y espacio, y sometida a unas reglas jurídicas particulares, extremadamente variables según los lugares y las épocas. Por lo cual, considera necesario el estudio del fenómeno guerra en sus dimensiones económica, demográfica, etnológica y psicológica:

a)      Características económicas.  Se puede considerar a la guerra como una actividad de lujo que necesita ser financiada, por lo tanto, los estados deben procurar medios de acumulación y financiamiento, constituyendo para dicho fin los denominados tesoros de guerra, que en la actualidad tienen la forma de reservas metálicas o de divisas extranjeras. Durante este periodo los presupuestos militares se incrementan en el mantenimiento y movilización de tropas y personal técnico y la compra de armamento, produciendo una redistribución de las rentas.

Concluidas las hostilidades, las guerras provocan unos desplazamientos de las riquezas, por el mismo hecho de que se produce una división entre vencedores y vencidos. Las estructuras económicas de los países se modifican, las inversiones estarán destinados a otros sectores de la industria y el comercio, cambiarán las políticas de comercio exterior, el gasto público se centrará en asuntos urgentes y la carga social del estado se incrementará por los fallecidos, entre otros.

Las teorías que apuntan a las crisis económicas como causas de las acciones beligerantes, no son contundentes, muy pocos episodios de la historia demostraron claramente como única causa del inicio de un conflicto bélico un trasfondo económico, miseria o bien superabundancia. Pero una cosa si es segura,  su influencia en las coyunturas o ciclos económicos en tres momentos: a) preguerra, caracterizado por una fase de acumulación y ahorro obligatorio, donde se estimula la industria y el trabajo es superabundante; b) guerra que se caracteriza por el rápido consumo de los bienes acumulados y c) reparación, en esta coyuntura la industria dedicada en primera instancia a  proporcionar de bienes de servicio, luego se dedica a la reconstrucción de los daños provocados durante los enfrentamientos, pero una vez concluida su tarea, existe un alto riesgo del paro forzoso y la falta de salida de mercancías.

b)     Aspectos demográficos. Quizá el aspecto esencial del fenómeno guerra es “el homicidio colectivo, organizado, finalizado, pues no hay guerra sin homicidio.” En ese entendido, los efectos demográficos de las guerras son los siguientes: a)  aumento de la mortandad de forma general y constante, b) se clasifica a la guerra como una institución destructora voluntaria, llamada así por impedir los nacimientos o bien a disminuir el número de los vivos, c)  en todas las guerras las pérdidas directas consisten, esencialmente, en la muerte de hombre jóvenes.

¿Cuál es la función demográfica de la guerra?  Observamos un aumento de la mortalidad y muchas veces un descenso de la natalidad, ante lo cual nos encontramos ante una función de destrucción y de gasto, o de consumo acelerado. Otra función que cumple es de catalizador de los excedentes en recursos humanos y materiales, luego de una etapa de acumulación las sociedades tienden a una expulsión brusca de este excedente, que se manifiesta en la impulsión bélica y la consecuente matanza de soldados y población civil. ¿Pero es la guerra la única institución destructora? Pues no, el autor señala otras formas más sutiles de llevar a cabo estas tareas, entre ellas: el infanticidio directo, el infanticidio indirecto, las mutilaciones sexuales, la esclavitud, el derecho represivo y el infanticidio diferido.

c)      Características etnológicas de la guerra.  Se compara a la guerra con una fiesta, pero no cualquier fiesta, la fiesta suprema, la gran orgia sagrada en el sentido sociológico de esta palabra, se dice esto porque en el conflicto bélico se encuentra los siguientes aspectos que lo hacen semejante: i) carácter estético de la guerra, los más bellos adornos fueron creados para los guerreros, las marchas, las paradas militares son todo un espectáculo, la batalla es un ballet peligroso; ii) carácter distraído de la guerra, la guerra arranca al hombre de su cotidianidad, la guerra es ante todo una fuente de emociones, iii) las represiones sociales cambian de forma, los objetos de lo sagrado y de lo profano se modifican, sus límites sufren un desplazamiento inmediato, lo que antes estaba prohibido y sancionado, hoy es permitido, incluso aplaudido, iv) toda guerra nos hace penetrar, desde el momento de su declaración, en un nuevo universo moral produciéndose una transmutación de los valores  v) maniqueísmo psicológico, para cuando estallan las hostilidades ya no existen más que dos campos , se acentúan los caracteres de amigo y enemigo.

d)     Los rasgos psicológicos de la guerra. Se parte de la premisa que los comportamientos belicosos de las naciones son un estado de ánimo colectivo, por lo cual, el autor trata de identificar y explicar cómo se va formando ese sentimiento y como toda la sociedad se ve imbuida en una actitud agresiva hacia el otro. Primero detecta una relación entre la agresividad y la frustración, esta última seria la causa de la primera, que no siempre recae sobre el autor de la frustración, sino en un tercero generalmente más débil, esto a nivel de las naciones se traduce en la frustración económica.

Desde el punto de vista del psicoanálisis, las conductas belicosas tienen su origen en el sentimiento del fracaso que va unido al sentimiento de culpabilidad, que se caracteriza por culpar de nuestras desgracias a los otros sin atacar las verdaderas causas. Otros comportamientos tienen que ver con los sentimientos de inferioridad e inseguridad, que nos hace desear un estado concreto calamitoso antes que vivir en la incertidumbre, es lo que se puede llamar el complejo de Damocles. 

En cuanto al comportamiento de los combatientes, debemos señalar que la guerra nos introduce en un universo psicológico distinto, de valores y principios invertidos. Según el carácter de los movilizados tendremos un perfil psicológico distinto, ya sea un movilizado, un mercenario, un voluntario o un fanático. Desde el punto de vista intelectual el soldado está libre del paso de sus perplejidades. Su deber es siempre claro “Adonde está mi escuadrón-dice Alfred de Vigny-, allí está mi deber”.

La posición de los combatientes dentro de la jerarquía social es de privilegio porque desde las sociedades más antiguas hasta el presente, gozaron de la admiración y respeto de los demás. Es innegable que la guerra pone de manifiesto virtudes nobles, como el valor, solidaridad, abnegación y lealtad entre los combatientes; es por eso que incluso los pueblos con una mayor actividad mercantil siempre procuraron para sus hijos cargos en las lides militares.

El comportamiento de los dirigentes (jefes de estado y comandantes militares) es otro enigma que se trata de desentrañar, por ejemplo ¿cómo la decisión de un jefe de estado puede empujar a toda una nación a una acción belicosa?, al respecto, algunos ven en ello la ejecución del deseo secreto de la nación, en cambio, otros ven estas actitudes una forma de solucionar u ocultar los conflictos y problemas internos, porque mágicamente, aquellos que en un principio eran defenestrados, ahora son honrados por sus combatientes.

¿Cuáles son las consecuencias psicológicas de las guerras? el principal hecho es que la actitud violenta y agresiva de los dirigentes y combatientes termino. Dependiendo de la trascendencia del conflicto bélico, se puede determinar el influjo en la mentalidad, las ideas y la cultura; si existió un cambio o no del statu quo, los grandes conflictos a menudo contribuyeron a grandes cambios en la humanidad, desde el punto de vista sociológico, económico y político. Producido el cese de hostilidades, ocurre la reconstrucción de la nación, y una revitalización del comportamiento belicoso. Pero también produce en los individuos deseos de paz que “es únicamente la expresión de una actitud y de un deseo. Es un comportamiento inmediato, un estado de ánimo todavía irrazonado.”

Finalmente, en el capítulo VII se tratan las causas atribuidas a la guerra y los planes de paz, los cuales, según el autor no resolvieron nada, porque a lo largo de la historia se cuentan aproximadamente ocho mil tratados de paz, que expone la ineficacia e insuficiencia de las soluciones jurídicas, esto debido a que no se conoce plenamente la naturaleza del fenómeno.

Los planes de paz son producto de años de agresiones bélicas, del cansancio y la indignación, solo después de un largo camino se logran identificar las causas particulares que la iniciaron, entre ellas, causas económicas, por ejemplo la lucha de ideologías v.gr. capitalismo y socialismo que hicieron creer que el triunfo de una de ellas (capitalismo) traería consigo la paz perpetua, nada más equivocado, porque en todas las organizaciones, estructuras sociales, políticas y económicas encontramos ejércitos y guerras, “La economía es siempre, en todos los casos y sin excepción, uno de los instrumentos de la guerra. Pero lo reciproco no parece ser cierto: la guerra no es siempre el instrumento de la economía.” En relación a los planes políticos de paz, como regla general se tiene que el vencedor confirma sus creencias y por el contrario el vencido duda de su ideología y sus instituciones. La victoria confirma, la derrota transforma. Pero sucede que no siempre los cambios implican progreso y pueden hacer que un estado político se vuelva más primitivo. Otros en cambio propugnan la creación del Estado único, partiendo de la premisa que la división de los territorios en naciones independientes seria la causa de los enfrentamientos únicos, por lo que se propone la conquista de un Estado fuerte sobre los demás, el autor denomina a esta actitud el “complejo del pueblo elegido”, pero solo ve en ella una excusa de los estados imperialistas y conquistas para llevar a cabo sus planes de expansión. Por su parte los planes de paz jurídicos propusieron la creación de organismos internacionales compuestas por los países más poderosos militarmente, encargados de equilibrar las fuerzas y vigilar la paz en el mundo  (Abate de Saint -Pierre), otros consideraban que el origen de las rivalidades entre naciones eran rivalidades del tipo comercial, en ese entendido se propuso la creación de un Tribunal y Congreso de la Paz, recomendado el arbitraje como un medio de solucionar los conflictos entre los Estados (Jeremías Bentham). Ambas teorías sirvieron de base para la creación de instituciones modernas de paz: El Tribunal de la Haya y los pactos de arbitraje; sin embargo, la historia nos ha demostrado cuan equivocados estábamos al imaginar que la guerra era un instrumento utilizado por los Estados para imponer su voluntad, la guerra no es un medio, es un fin en sí mismo y nosotros los instrumentos, “querer reglamentarla o prohibirla mediante medidas jurídicas parece cosa tan vana como castigar, por medio de una ley, el hecho de contraer la peste o la fiebre tifoidea.”

Esta rápida revisión del libro del francés Bouthoul, no impide darnos cuenta de su experticia y sencillez para abordar temas tan profundos y complejos, por lo que consideramos importante revisar otros trabajos suyos y exponer su pensamiento con mayor vehemencia. Es una infeliz coincidencia que tengamos que revisitar su obra en tiempos en el que el mundo se encuentra sumido en una escala de violencia cuyas consecuencias todavía son impredecibles, generando duda sobre la institucionalidad y autoridad de los organismos internacionales encargados de vigilar la paz, peor aún de la efectividad de los convenios y tratados firmados por la gran mayoría de los países del mundo. Parece cumplirse la infausta premonición del autor, mientras pensemos a la guerra como una simple manifestación de la voluntad belicosa de los estados cuya solución deba ser tratada a nivel diplomático, repitiendo formulas superfluas sin ninguna efectividad concreta, continuaremos firmando tratados de paz ad infinitum, presos de nuestra propia indiferencia y padeciendo las consecuencias de nuestra propia maldad.

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