La Polemología de Gastón Bouthol o el estudio sociológico de la Guerra.
La Polemología de Gastón Bouthol
o el estudio sociológico de la Guerra.
Por: Freddy H. Escobar A.
La Guerre
o La Guerra en la edición española de 1971 formaba parte de la
Enciclopedia francesa de bolsillo que
sais-je? encargada de publicar
títulos sobre Historia, Geografía, Sociología, Literatura, entre otras. La obra está compuesta por un breve estudio e introducción a
la polemología, siete capítulos que analizan el fenómeno desde distintas aristas
y una conclusión que hace las veces de crítica y recomendaciones para las
naciones del mundo. Es un derroche de erudición y simplicidad, nada le sobra ni
nada le falta. En varios pasajes el francés exhibe sus dotes de experto
sociólogo, economista y jurista; por ejemplo comienza cuestionándonos y
alertarnos sobre la indiferencia y superficialidad con la cual se pretende investigar,
al más importante de los fenómenos de la sociedad: La Guerra “En una
palabra, la guerra es la más notable de todas las formas de transición de la
vida social. Es una forma de transición acelerada. (…)”. Identifica como causas de esta apatía tres obstáculos: a)
la falta de asombro ante el fenómeno, todos creemos saber que es la guerra, o
por lo menos la intuimos; b) la guerra parece depender, enteramente de nuestra
voluntad, es decir, que aparenta obedecer solamente de una decisión reflexionada
y madurada largamente; c) el “ilusionismo jurídico” que mira en la guerra un
conflicto entre individuos, a una pendencia, riña o duelo, y por lo tanto,
trata de prohibir o reglamentar la guerra como los códigos de honor de los
duelos o los deportes, identificando como el obstáculo más importante para su
estudio científico: la terapéutica inmediata, que trata de encontrar el
remedio antes de conocer el mal ¿cómo legislar sobre cosas que se desconocen?.
Un repaso a la historia de las principales culturas de la
antigüedad, nos da cuenta del papel preponderante de la guerra en todas las
sociedades; en las mitologías se identifica “el carácter altamente loable de la
actividad guerrera que los dioses practican animan y protegen.”; en lo que el
autor denomina Doctrinas teológicas de
las guerras se pone de relieve el carácter guerrero de
las sagradas escrituras, desde el Antiguo Testamento, El Corán y la Teología Cristiana.
Es célebre la teoría de la “guerra justa” de Santo Tomas de Aquino, quien formula
las condiciones que pueden hacer de la actividad guerrea una empresa admitida
favorablemente por Dios. Son: 1. La autoridad del príncipe; 2. Una causa
justa; 3. Una intención recta.
También resultan interesantes las disquisiciones sobre doctrinas
filosóficas y filósofos a favor y en contra de la guerra, y las doctrinas
morales y jurídicas preconizadas a lo largo de la historia, entre los filósofos
a favor son elocuentes las palabras de Joseph de Masitre que dice “ Cuando el
alma humana ha perdido su energía debido a la desidia, a la incredulidad y a
los vicios gangrenosos que siguen al exceso de civilización, solamente puede
revigorizarse por la sangre…los verdaderos frutos de la naturaleza humana, las
artes, las ciencias, las grandes empresas, los conceptos elevados, las virtudes
viriles, dependen, sobre todo, del estado de guerra…Se diría que la sangre es
el abono de esta planta que se llama genio”.
Cuando se refiere a las doctrinas jurídicas que apoyan
las actitudes guerreras, hecha mano de la cultura Romana cuyo “rigorismo
jurídico” justificaba sus ataques e invasiones a sus vecinos, poco importaban
las razones y motivos de un conflicto bélico, mientras estas cumplían
minuciosamente las formas (ritos) de la declaración de guerra, era justa. En el
derecho bíblico se distinguen las guerras necesarias de las expediciones
voluntarias para expandir las fronteras; también se anticipan al problema
de los “objetores de conciencia” recurriendo a las enseñanzas bíblicas en el
libro de Deuteronomio, para excusar a aquellos que según las enseñanzas bíblicas
no podían participar de las campañas militares. Luego de un periodo de grandes
atrocidades y de batallas sin fin, durante la Edad Media la Iglesia va constituyendo
un derecho de gentes que tienden a suavizar
las practicas crueles y minimizar los daños provocados por la guerra.
Las teorías sociológicas parten señalando que estas
tienen en común reconocer la guerra como
un fenómeno “normal” de la vida de los pueblos, en el sentido
durkheimiano de la palabra, divide a las
doctrinas estudiadas en optimistas y
pesimistas, formando parte de los primeros, autores tales como Saint-Simon
, Augusto Comte y Herbert Spencer que consideraban que las guerras se
acabarían cuando la era industrial alcanzara su máximo esplendor, también
encontramos dentro de esta clasificación a sociólogos y filósofos como Tarde
quien considera a la guerra “ un método trágico y no eterno de dialéctica
social”, también a Marx y los marxistas quienes manifiestan “ Ha habido
únicamente una guerra eterna: la de los pobres contra los ricos”, cuyo aporte palpable
a la polemología consiste en señalar como origen de los conflictos armados los antagonismos económicos como uno de los
aspectos principales e inseparables de los conflictos armados. El grupo de pesimistas está conformado por R.S.
Steinmetz, Isoulet , George Sorel y Gumplowicz, quienes además de defender
sus teorías belicistas, la exaltan, considerándola el principal procedimiento
de selección colectiva, donde la fuerza es una virtud y la debilidad es
inmoral, donde se desprecian los dictados de la moral cristiana y señalan como
consecuencia natural del conflicto bélico el nacimiento de nuevas formas
sociales e instituciones, y la imposición de reglas jurídicas por parte del
grupo vencedor al grupo subyugado.
Para concluir con esta primera parte de su estudio,
Bouthoul busca establecer una definición sobre la guerra en base a las
características que la distinguen de los demás fenómenos sociales, así pues:
-
La
guerra se distingue de las otras formas de lucha en que supone un enemigo
activo y organizado. Implica reciprocidad de acción voluntaria.
-
Es
un fenómeno colectivo.
-
Tiene
un elemento subjetivo, la intención, y un elemento político, la
organización.
-
Tiene
un carácter jurídico, incluso se llegó a decir que la guerra era un
verdadero contrato, puesto que no hay guerra propiamente dicha que no esté
regida por unas reglas más o menos precisas y por un derecho formal o habitual.
Se dice también que es jurídico, porque el conflicto bélico se desarrolla en un
tiempo y espacio determinado, por lo cual se habla de un “estado de guerra”;
por otra parte, una vez concluida las agresiones, se extraen de los resultados
las consecuencias jurídicas del mismo.
En base a estos elementos decimos que la guerra es una lucha armada y sangrienta
entre agrupaciones organizadas, la misma se desarrolla de manera metódica y
organizada, limitada en el tiempo y espacio, y sometida a unas reglas jurídicas
particulares, extremadamente variables según los lugares y las épocas. Por lo cual,
considera necesario el estudio del fenómeno guerra en sus dimensiones
económica, demográfica, etnológica y psicológica:
a)
Características
económicas. Se puede considerar a la guerra como una
actividad de lujo que necesita ser financiada, por lo tanto, los estados deben
procurar medios de acumulación y financiamiento, constituyendo para dicho fin
los denominados tesoros de guerra, que
en la actualidad tienen la forma de reservas metálicas o de divisas
extranjeras. Durante este periodo los presupuestos militares se incrementan en
el mantenimiento y movilización de tropas y personal técnico y la compra de
armamento, produciendo una redistribución de las rentas.
Concluidas las hostilidades, las guerras provocan unos desplazamientos
de las riquezas, por el mismo hecho de que se produce una división entre
vencedores y vencidos. Las estructuras económicas de los países se modifican,
las inversiones estarán destinados a otros sectores de la industria y el
comercio, cambiarán las políticas de comercio exterior, el gasto público se centrará
en asuntos urgentes y la carga social del estado se incrementará por los
fallecidos, entre otros.
Las teorías que apuntan a las crisis económicas como
causas de las acciones beligerantes, no son contundentes, muy pocos episodios
de la historia demostraron claramente como única causa del inicio de un
conflicto bélico un trasfondo económico, miseria
o bien superabundancia. Pero una cosa
si es segura, su influencia en las
coyunturas o ciclos económicos en tres momentos: a) preguerra, caracterizado
por una fase de acumulación y ahorro obligatorio, donde se estimula la
industria y el trabajo es superabundante; b) guerra que se caracteriza por el
rápido consumo de los bienes acumulados y c) reparación, en esta coyuntura la
industria dedicada en primera instancia a
proporcionar de bienes de servicio, luego se dedica a la reconstrucción
de los daños provocados durante los enfrentamientos, pero una vez concluida su
tarea, existe un alto riesgo del paro forzoso y la falta de salida de
mercancías.
b)
Aspectos
demográficos. Quizá el
aspecto esencial del fenómeno guerra es “el
homicidio colectivo, organizado, finalizado, pues no hay guerra sin homicidio.”
En ese entendido, los efectos demográficos de las guerras son los
siguientes: a) aumento de la mortandad de
forma general y constante, b) se clasifica a la guerra como una institución destructora voluntaria,
llamada así por impedir los nacimientos o bien a disminuir el número de los
vivos, c) en todas las guerras las
pérdidas directas consisten, esencialmente, en la muerte de hombre jóvenes.
¿Cuál es la función demográfica de la guerra? Observamos un aumento de la mortalidad y
muchas veces un descenso de la natalidad, ante lo cual nos encontramos ante una
función de destrucción y de gasto, o
de consumo acelerado. Otra función que cumple es de catalizador de los
excedentes en recursos humanos y materiales, luego de una etapa de acumulación
las sociedades tienden a una expulsión brusca de este excedente, que se
manifiesta en la impulsión bélica y la consecuente matanza de soldados y
población civil. ¿Pero es la guerra la única institución destructora? Pues no,
el autor señala otras formas más sutiles
de llevar a cabo estas tareas, entre ellas: el infanticidio directo, el
infanticidio indirecto, las mutilaciones sexuales, la esclavitud, el derecho
represivo y el infanticidio diferido.
c)
Características
etnológicas de la guerra. Se compara a la guerra con una fiesta, pero
no cualquier fiesta, la fiesta suprema, la gran orgia sagrada en el
sentido sociológico de esta palabra, se dice esto porque en el conflicto bélico
se encuentra los siguientes aspectos que lo hacen semejante: i) carácter
estético de la guerra, los más bellos adornos fueron creados para los
guerreros, las marchas, las paradas militares son todo un espectáculo, la
batalla es un ballet peligroso; ii) carácter distraído de la guerra, la
guerra arranca al hombre de su cotidianidad, la guerra es ante todo una fuente de emociones, iii) las
represiones sociales cambian de forma, los objetos de lo sagrado y de lo profano se
modifican, sus límites sufren un desplazamiento inmediato, lo que antes
estaba prohibido y sancionado, hoy es permitido, incluso aplaudido, iv) toda guerra nos hace penetrar, desde
el momento de su declaración, en un nuevo universo moral produciéndose una transmutación de los valores v) maniqueísmo
psicológico, para cuando estallan las hostilidades ya no existen más que
dos campos , se acentúan los caracteres de amigo y enemigo.
d)
Los
rasgos psicológicos de la guerra. Se parte de la premisa que los comportamientos belicosos de las naciones
son un estado de ánimo colectivo, por lo cual, el autor trata de identificar y
explicar cómo se va formando ese sentimiento y como toda la sociedad se ve
imbuida en una actitud agresiva hacia el otro. Primero detecta una relación
entre la agresividad y la frustración, esta última seria la causa de la
primera, que no siempre recae sobre el autor de la frustración, sino en un
tercero generalmente más débil, esto a nivel de las naciones se traduce en la
frustración económica.
Desde el punto de vista del psicoanálisis, las conductas
belicosas tienen su origen en el sentimiento del fracaso que va unido al
sentimiento de culpabilidad, que se caracteriza por culpar de nuestras
desgracias a los otros sin atacar las verdaderas causas. Otros comportamientos
tienen que ver con los sentimientos de inferioridad e inseguridad, que nos hace
desear un estado concreto calamitoso antes que vivir en la incertidumbre, es lo
que se puede llamar el complejo de Damocles.
En cuanto al comportamiento de los combatientes, debemos
señalar que la guerra nos introduce en un universo psicológico distinto, de
valores y principios invertidos. Según el carácter de los movilizados tendremos
un perfil psicológico distinto, ya sea un movilizado, un mercenario, un
voluntario o un fanático. Desde el punto de vista intelectual el soldado
está libre del paso de sus perplejidades. Su deber es siempre claro “Adonde
está mi escuadrón-dice Alfred de Vigny-, allí está mi deber”.
La posición de los combatientes dentro de la jerarquía
social es de privilegio porque desde las sociedades más antiguas hasta el
presente, gozaron de la admiración y respeto de los demás. Es innegable que la
guerra pone de manifiesto virtudes nobles, como el valor, solidaridad,
abnegación y lealtad entre los combatientes; es por eso que incluso los pueblos
con una mayor actividad mercantil siempre procuraron para sus hijos cargos en
las lides militares.
El comportamiento de los dirigentes (jefes de estado y
comandantes militares) es otro enigma que se trata de desentrañar, por ejemplo ¿cómo
la decisión de un jefe de estado puede empujar a toda una nación a una acción
belicosa?, al respecto, algunos ven en ello la ejecución del deseo secreto de
la nación, en cambio, otros ven estas actitudes una forma de solucionar u
ocultar los conflictos y problemas internos, porque mágicamente, aquellos que
en un principio eran defenestrados, ahora son honrados por sus combatientes.
¿Cuáles son las consecuencias psicológicas de las
guerras? el principal hecho es que la actitud violenta y agresiva de los
dirigentes y combatientes termino. Dependiendo de la trascendencia del
conflicto bélico, se puede determinar el influjo en la mentalidad, las ideas y la
cultura; si existió un cambio o no del statu quo, los grandes conflictos a
menudo contribuyeron a grandes cambios en la humanidad, desde el punto de vista
sociológico, económico y político. Producido el cese de hostilidades, ocurre la
reconstrucción de la nación, y una revitalización del comportamiento belicoso.
Pero también produce en los individuos deseos de paz que “es únicamente la
expresión de una actitud y de un deseo. Es un comportamiento inmediato, un
estado de ánimo todavía irrazonado.”
Finalmente, en el capítulo VII se tratan las causas
atribuidas a la guerra y los planes de paz, los cuales, según el autor no
resolvieron nada, porque a lo largo de la historia se cuentan aproximadamente
ocho mil tratados de paz, que expone la ineficacia e insuficiencia de las
soluciones jurídicas, esto debido a que no se conoce plenamente la naturaleza
del fenómeno.
Los planes de paz son producto de años de agresiones
bélicas, del cansancio y la indignación, solo después de un largo camino se
logran identificar las causas particulares que la iniciaron, entre ellas, causas
económicas, por ejemplo la lucha de ideologías v.gr. capitalismo y
socialismo que hicieron creer que el triunfo de una de ellas (capitalismo)
traería consigo la paz perpetua, nada más equivocado, porque en todas las
organizaciones, estructuras sociales, políticas y económicas encontramos
ejércitos y guerras, “La economía es
siempre, en todos los casos y sin excepción, uno de los instrumentos de la
guerra. Pero lo reciproco no parece ser cierto: la guerra no es siempre el
instrumento de la economía.” En relación a los planes políticos de paz,
como regla general se tiene que el vencedor confirma sus creencias y por el
contrario el vencido duda de su ideología y sus instituciones. La victoria
confirma, la derrota transforma. Pero sucede que no siempre los cambios
implican progreso y pueden hacer que un estado político se vuelva más
primitivo. Otros en cambio propugnan la creación del Estado único,
partiendo de la premisa que la división de los territorios en naciones
independientes seria la causa de los enfrentamientos únicos, por lo que se
propone la conquista de un Estado fuerte sobre los demás, el autor denomina a
esta actitud el “complejo del pueblo elegido”, pero solo ve en ella una
excusa de los estados imperialistas y conquistas para llevar a cabo sus planes
de expansión. Por su parte los planes de paz jurídicos propusieron la
creación de organismos internacionales compuestas por los países más poderosos
militarmente, encargados de equilibrar las fuerzas y vigilar la paz en el mundo
(Abate de Saint -Pierre), otros
consideraban que el origen de las rivalidades entre naciones eran rivalidades
del tipo comercial, en ese entendido se propuso la creación de un Tribunal y
Congreso de la Paz, recomendado el arbitraje como un medio de solucionar los
conflictos entre los Estados (Jeremías Bentham). Ambas teorías sirvieron de
base para la creación de instituciones modernas de paz: El Tribunal de la Haya
y los pactos de arbitraje; sin embargo, la historia nos ha demostrado cuan
equivocados estábamos al imaginar que la guerra era un instrumento utilizado
por los Estados para imponer su voluntad, la guerra no es un medio, es un fin
en sí mismo y nosotros los instrumentos, “querer
reglamentarla o prohibirla mediante medidas jurídicas parece cosa tan vana como
castigar, por medio de una ley, el hecho de contraer la peste o la fiebre
tifoidea.”
Esta rápida revisión del libro del francés Bouthoul, no
impide darnos cuenta de su experticia y sencillez para abordar temas tan
profundos y complejos, por lo que consideramos importante revisar otros trabajos
suyos y exponer su pensamiento con mayor vehemencia. Es una infeliz coincidencia
que tengamos que revisitar su obra en
tiempos en el que el mundo se encuentra sumido en una escala de violencia cuyas
consecuencias todavía son impredecibles, generando duda sobre la
institucionalidad y autoridad de los organismos internacionales encargados de
vigilar la paz, peor aún de la efectividad de los convenios y tratados firmados
por la gran mayoría de los países del mundo. Parece cumplirse la infausta premonición
del autor, mientras pensemos a la guerra como una simple manifestación de la
voluntad belicosa de los estados cuya solución deba ser tratada a nivel diplomático,
repitiendo formulas superfluas sin ninguna efectividad concreta, continuaremos firmando
tratados de paz ad infinitum, presos de nuestra propia indiferencia y
padeciendo las consecuencias de nuestra propia maldad.

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